De facilitar la internacionalización a construir confianza en la era de la inteligencia artificial. El manifiesto HUMAN-AI-T

Una trayectoria que hoy encuentra nuevos desafíos

Mi relación con la transformación tecnológica no comenzó con la Inteligencia Artificial. Comenzó hace más de cuatro décadas, cuando comprendí que las nuevas tecnologías podían transformar la manera en que las empresas se relacionaban con el mundo.

A partir de esa convicción, participé en el desarrollo de diferentes programas e iniciativas internacionales porque ya en aquellos momentos, la tecnología comenzaba a modificar las formas tradicionales de hacer negocios. La utilizábamos para reducir distancias, facilitar información, generar contactos y abrir oportunidades internacionales.

Después llegaron Internet, la economía digital, las plataformas de conexión, la identidad digital y la ciberseguridad.

Hoy estamos ingresando en una nueva etapa, marcada por la Inteligencia Artificial, los sistemas autónomos y el desarrollo de las tecnologías cuánticas, que pueden transformar profundamente la computación, las comunicaciones y la seguridad de las redes globales.

La Asociatividad Empresarial Internacional.

Mi propuesta de Asociatividad Empresarial Internacional (AEI) me permitió observar esta evolución desde una perspectiva particular: la de quien durante décadas ha intentado construir puentes entre empresas, instituciones, territorios y mercados.

Al mirar hacia atrás, encuentro una continuidad en mi pensamiento, la de utilizar la tecnología para ampliar las capacidades humanas, facilitar la cooperación y generar nuevas oportunidades de desarrollo.

Pero también comprendo que, cuanto mayor es el poder de la tecnología, mayor es nuestra responsabilidad sobre el uso que hacemos de ella.

Una reflexión personal ante el futuro tecnológico

En los últimos años he seguido con especial interés las presentaciones, los debates y las propuestas de pensadores, gobiernos, organismos internacionales e instituciones que intentan comprender y orientar la transformación que estamos viviendo.

He encontrado diferentes perspectivas sobre la innovación, la competitividad, la gobernanza, la seguridad, la ética y el papel del ser humano frente a sistemas tecnológicos cada vez más poderosos.

Todas estas contribuciones permiten comprender la dimensión del desafío que tenemos por delante. Sin embargo, después de estudiar estas propuestas y reflexionar sobre sus implicancias, hay una que encuentro particularmente cercana a mi manera de pensar: el manifiesto HUMAN-AI-T, impulsado por WISeKey y la Fundación OISTE.

No porque considere que una sola iniciativa pueda responder a todas las preguntas que plantea esta transformación, sino porque encuentro en sus principios una coincidencia profunda con una convicción que ha acompañado mi trayectoria: la tecnología debe contribuir al progreso de la humanidad, sin desplazar al ser humano del centro de las decisiones.

Por eso quiero compartir y difundir este manifiesto, expresar mi apoyo a sus principios y contribuir a que su mensaje llegue a más personas, empresas e instituciones.

El manifiesto HUMAN-AI-T: una visión de la tecnología con la humanidad en el centro

El manifiesto HUMAN-AI-T, presentado en Davos en enero de 2026, propone reflexionar sobre cómo asegurar que el desarrollo de la Inteligencia Artificial permanezca orientado por la humanidad, la ética y la dignidad de las personas.

Su planteamiento va más allá de la capacidad de las máquinas para procesar información, aprender, generar contenidos o ejecutar tareas. Nos invita a considerar qué valores deben orientar esos sistemas, qué responsabilidades debemos asumir y qué garantías necesitamos para que la innovación no comprometa nuestros derechos fundamentales.

Entre los principios que considero especialmente relevantes se encuentran la supervisión humana efectiva, la transparencia, la posibilidad de evaluar y auditar los sistemas, la protección de la privacidad, la prevención de daños y discriminaciones y la responsabilidad por las consecuencias de las decisiones automatizadas.

Estos principios, adquieren una importancia creciente a medida que la inteligencia artificial interviene en ámbitos que afectan nuestras relaciones personales, nuestra actividad económica y nuestra vida social.

En esa dirección, la idea de preservar un patrimonio de conocimiento humano culturalmente diverso, sustentado en fuentes verificables y criterios éticos, resulta especialmente significativa.

La iniciativa también se relaciona con espacios de diálogo intercultural como la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas (UNAOC), la de “IA para una sola humanidad”.

Esa es la razón fundamental de mi coincidencia con esta iniciativa.

“El ser humano como la tecnología más grandiosa”.

En este punto encuentro una coincidencia especialmente significativa con Carlos Creus Moreira, fundador de WISeKey y referente internacional en identidad digital y ciberseguridad.

En su libro The TransHuman Code, Carlos Moreira expresa una idea que considero esencial para comprender el momento que estamos viviendo:

“The Human is the greatest technology of all.”

“El ser humano es la tecnología más grandiosa de todas”.

Podemos desarrollar máquinas más potentes, sistemas capaces de procesar cantidades extraordinarias de información y redes que conecten personas y organizaciones en todo el mundo. Podemos avanzar hacia nuevas formas de computación y explorar las posibilidades de las tecnologías cuánticas.

Pero ninguna de esas capacidades debería hacernos olvidar que la tecnología es una creación humana y que su finalidad debe ser contribuir al desarrollo de las personas y las sociedades.

La Inteligencia Artificial puede ayudarnos a tomar mejores decisiones, pero no debe eximirnos de la responsabilidad de decidir. Puede ampliar nuestro conocimiento, pero no reemplaza la necesidad de criterio. Puede automatizar procesos, pero no elimina la obligación de responder por sus consecuencias.

Frente a estos avances, la pregunta no debería ser solamente qué puede hacer la tecnología. También debemos preguntarnos qué queremos hacer nosotros con ella y qué humanidad queremos preservar y construir.

De la identidad humana a la identidad digital: la confianza como infraestructura

La transformación tecnológica también nos obliga a reconsiderar el significado de la confianza.

En el mundo físico contamos con mecanismos para identificar personas, verificar documentos y establecer responsabilidades. En el mundo digital necesitamos mecanismos equivalentes, capaces de funcionar en entornos mucho más complejos y a escala internacional.

¿Quién está detrás de una identidad digital? ¿Podemos comprobar que una credencial es auténtica? ¿Es posible verificar el origen de un documento o la integridad de una transacción? ¿Cómo protegemos los datos y evitamos la suplantación de identidades?

Estas preguntas son fundamentales para las empresas que desean operar internacionalmente y para cualquier organización que necesite establecer relaciones seguras a distancia.

La confianza, por lo tanto, no es un complemento de la transformación digital. Es una condición fundamental para que las redes globales puedan desarrollarse de manera sostenible.

De facilitar el comercio a construir nuevos mercados para las Pymes

Durante décadas he sostenido que las pequeñas y medianas empresas no pueden enfrentar individualmente todas las exigencias de un mundo cada vez más interdependiente.

De esa convicción surgió mi propuesta de Asociatividad Empresarial Internacional: facilitar que las empresas compartan capacidades, construyan vínculos y accedan a oportunidades que difícilmente alcanzarían por separado.

Hoy esa idea adquiere una nueva dimensión.

La Inteligencia Artificial puede ayudar a una Pyme a identificar mercados potenciales, analizar competidores, detectar tendencias, traducir información, localizar socios comerciales y mejorar sus estrategias de internacionalización.

Pero disponer de herramientas inteligentes no garantiza, por sí solo, el acceso efectivo a los mercados. Las empresas también necesitan contrapartes verificables, conocimiento de las regulaciones, financiación, logística, mecanismos de pago y relaciones comerciales sostenibles.

Aquí es donde la asociatividad adquiere un valor estratégico.

Una Plataforma de Integración Estratégica para continuar nuestro camino

Este es el camino que quiero seguir impulsando desde mi experiencia: evolucionar desde la facilitación del comercio y la asociatividad empresarial hacia una internacionalización apoyada en la integración estratégica, la inteligencia, la identidad digital y la confianza.

Y por supuesto con el ideal de poder sumar a una plataforma de integración estratégica, un  programa como el de Trade Point, que a la fecha nos otorgan entre otras, siete ventajas de avanzada: conectividad comercial global; Inteligencia artificial aplicada a los mercados; Identidad digital y confianza verificable; vinculación inteligente entre oferta y demanda; digitalización de operaciones comerciales; Internacionalización territorial con articulación pública – privada e Infraestructura digital segura y tecnologías emergentes.

Nuestro propósito es contribuir a articular capacidades, conectar actores y facilitar la inserción internacional de las Pymes y los territorios mediante redes de cooperación, herramientas digitales y una visión compartida de desarrollo.

Manifiesto HUMAN-AI-T. – Un movimiento global 

Mi apoyo a HUMAN-AI-T pertenece al plano de los principios sobre el futuro tecnológico, atento que la internacionalización del futuro no dependerá únicamente de cuánto podamos producir, sino también de nuestra capacidad para integrarnos a redes de conocimiento, identidad, confianza y cooperación.

Nosotros seguiremos construyendo puentes para conectar voluntades, generar confianza y construir juntos un futuro en el que la tecnología y la inteligencia estén siempre al servicio de la humanidad.

Jorge Nelson Ripa

www.ripa.com.ar

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