Mendoza frente a la nueva geoeconomía mundial: de la visión a la acción

En nuestra nota anterior (ver: https://www.ripa.com.ar/blog/?p=2583), sostuvimos que para Mendoza, el desafío del siglo XXI, consiste en construir un ecosistema basado en tecnología, confianza e internacionalización que fortalezca la competitividad de nuestras empresas.

Y hablamos de posicionarnos en las redes globales de comercialización mediante una sólida Identidad Digital, sustentada en una Gobernanza Digital moderna y en una Ciberseguridad estratégica.

Hablamos que la inversión debe buscarse de la mano de los fideicomisos financieros de producción y comercialización, para llevar el capital financiero a la economía real, un cambio tan importante como necesario, para impulsar la economía de nuestras Pymes.

Ese diagnóstico continúa plenamente vigente. Sin embargo, comprender el cambio ya no alcanza.

En el acelerado y transversal acontecer de nuestro tiempo, ha llegado el momento de transformar esa visión en una estrategia de desarrollo que proyecte a Mendoza como un actor relevante de la nueva geoeconomía mundial.

Porque las grandes transformaciones socioeconómicas de la historia nunca dejaron huella en quienes se limitaron a diagnosticarlas.

El desafío no consiste solamente en comprender el mundo. El verdadero desafío es decidir qué lugar queremos ocupar en él y transformar esa visión en acciones concretas.

Solo así es posible construir el futuro, en lugar de limitarse o resignarse a observar cómo otros lugares se desarrollan.

Como señalamos en nuestra nota anterior, el desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia la región del Indo-Pacífico ha dejado atrás la visión tradicional del mundo, aquella que durante siglos estuvo orientada hacia el Atlántico.

La acelerada revolución tecnológica y la creciente competencia entre territorios están redefiniendo la forma en que se generan las inversiones, el comercio, la innovación y el desarrollo.

Ya no alcanza con interpretar estos cambios. Los territorios que aspiran a ser protagonistas deben desarrollar nuevas capacidades institucionales y nuevos instrumentos para insertarse con éxito en la geoeconomía del siglo XXI.

El desafío ya no es tan solo exportar más, sino construir una Mendoza en red, capaz de atraer inversiones, generar innovación e insertarse estratégicamente en la nueva geoeconomía mundial.

Ese es el verdadero desafío estratégico.

Hoy ya no compiten solamente las empresas, lo hacen las ciudades, los municipios, las provincias y las naciones.

Compiten los ecosistemas capaces de generar confianza, atraer talento, facilitar inversiones y construir alianzas internacionales duraderas.

Mendoza necesita un proyecto estratégico compartido y para ello, reúne condiciones excepcionales.

Posee reconocimiento internacional, una sólida cultura emprendedora, recursos humanos calificados, universidades de prestigio, productos de calidad y una ubicación geográfica privilegiada para proyectarse al mundo, con una mirada puesta en el centro del comercio mundial.

Pero ninguna de esas fortalezas producirá desarrollo por sí sola.

Las ventajas competitivas solo generan resultados cuando forman parte de una visión compartida y de una estrategia sostenida en el tiempo.

Por ello, la internacionalización debe dejar de ser entendida como una suma de acciones aisladas para convertirse en una verdadera política de Estado, capaz de trascender los cambios de gobierno y consolidar un rumbo estratégico para las próximas décadas.

De la visión a la acción

Toda estrategia necesita instrumentos capaces de transformarla en resultados.

Si aceptamos que la nueva geoeconomía mundial exige nuevas formas de competir, también debemos comprender que las herramientas tradicionales ya no resultan suficientes.

Las misiones comerciales, la promoción de exportaciones y las acciones institucionales continúan siendo importantes, pero hoy deben integrarse dentro de una estrategia mucho más amplia y permanente.

En ese contexto adquieren especial relevancia dos instrumentos estratégicos.

El primero es el Programa de Asociatividad Empresarial Internacional (AEI), cuyo objetivo consiste en promover la cooperación entre empresas y que busca desarrollar escala competitiva, compartir inteligencia comercial, impulsar proyectos conjuntos, fortalecer la innovación y facilitar la inserción de las pequeñas y medianas empresas en las cadenas globales de valor.

En la nueva economía, competir aisladamente resulta cada vez más difícil.

La asociatividad permite construir capacidades colectivas que ninguna empresa podría desarrollar por sí sola.

El segundo instrumento es el Programa Trade Point y los ETradeDesk, nacido en el seno de UNTAD y luego impulsado y continuado por la WTPF, como un ecosistema de internacionalización de escala mundial.

Más que una plataforma, constituye una arquitectura de cooperación y servicios diseñada para conectar empresas con mercados, instituciones y oportunidades, en respuesta a los desafíos de la economía global del siglo XXI.

Un espacio, un ecosistema, una red mundial, donde confluyen empresas, vinculaciones, contactos, municipios, organismos públicos, instituciones empresariales y redes internacionales, articulando oportunidades mediante inteligencia comercial, herramientas digitales y mecanismos modernos de vinculación internacional.

La fortaleza de ambos instrumentos reside precisamente en su complementariedad. Por un lado, la asociatividad fortalece la capacidad competitiva desde el territorio y cada uno y todos juntos los Trade Point y los ETradeDesk proyectan esa capacidad hacia el mundo, en forma de una gran red, con certificación de identidad digital empresarial.

Así, uno organiza, el otro conecta. La asociatividad genera escala y el otro abre oportunidades.

Juntos constituyen una arquitectura institucional capaz de transformar la internacionalización en una política permanente de desarrollo económico, competitividad y atracción de inversiones.

Del porqué a la acción

Porque estamos convencidos, que el desarrollo no depende únicamente de los recursos naturales ni de las ventajas geográficas.

Depende, sobre todo, de la capacidad de construir una visión estratégica, generar confianza e impulsar los instrumentos que permitan transformar las oportunidades en resultados concretos.

Depende, de la capacidad de construir instituciones modernas, acuerdos duraderos y alianzas estrategias compartidas.

El momento de decidir, de cambiar, de sumar y de pasar a la acción es ahora.

Las oportunidades que abre la nueva geoeconomía mundial no se aprovecharán por inercia.

Exigirán visión estratégica, continuidad institucional y decisiones sostenidas en el tiempo.

Allí debemos concentrar el esfuerzo colectivo de los próximos años. Porque el desarrollo no llegará por azar, ni por la simple evolución de los mercados, ni por la buena voluntad de dirigentes empresariales o de nuestros gobernantes circunstanciales, serán el resultado de una decisión estratégica compartida entre el Estado, el sector privado y las instituciones y Organismos de la sociedad civil.

El futuro no pertenece a quienes esperan que el mundo les abra una puerta. Pertenece a quienes construyen las condiciones para que el mundo quiera producir con Mendoza, invertir en Mendoza, innovar con Mendoza y desarrollar proyectos junto a Mendoza.

Nuestro compromiso con Mendoza

Desde siempre hemos asumido un compromiso con el futuro. Nunca escribimos ni opinamos desde la confrontación política, ni lo hicimos en defensa de intereses sectoriales.

Nuestro único compromiso ha sido, y continúa siendo, Mendoza. A ella hemos dedicado nuestras ideas, nuestro trabajo y nuestra visión estratégica, convencidos de que el desarrollo sostenible solo puede construirse con instituciones sólidas, cooperación y una mirada de largo plazo.

Esa convicción ha guiado cada una de nuestras propuestas. Ese ha sido, y seguirá siendo, nuestro legado.

La decisión está en nuestras manos. El futuro también.

Dr. Jorge Nelson Ripa

www.ripa.com.ar

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