Mendoza frente al desafío del siglo XXI: tecnología, confianza e internacionalización para sus PYMES

Desde hace décadas, en artículos publicados en distintos medios de comunicación y en mi blog personal, he sostenido que la transformación digital modificaría profundamente el comercio internacional, la competitividad de las empresas y el papel de los gobiernos.

Hoy, aquella visión deja de ser una proyección para convertirse en una realidad que exige nuevas estrategias de desarrollo.

El mundo está ingresando en una nueva etapa de transformación económica impulsada por la inteligencia artificial, la computación cuántica, la identidad digital y las comunicaciones seguras. Estas tecnologías ya no constituyen únicamente herramientas para mejorar la productividad, se han convertido en los pilares sobre los cuales se construyen la competitividad económica, la seguridad, la confianza digital y el liderazgo geoeconómico del siglo XXI.

En este escenario, las pequeñas y medianas empresas representan el corazón de la economía real. Son las principales generadoras de empleo, innovación y desarrollo. Sin embargo, para competir en los mercados internacionales ya no alcanza con producir bienes y servicios de calidad. También resulta indispensable operar dentro de un ecosistema tecnológico confiable que permita innovar, comercializar y participar activamente en las cadenas globales de valor.

Por ello, las PYMES demandan hoy mucho más que programas de asistencia o líneas de financiamiento. Esperan que los gobiernos construyan una estrategia de largo plazo que combine tecnología, confianza e internacionalización.

Necesitan infraestructura digital moderna, plataformas de comercio electrónico internacional, logística inteligente y marcos regulatorios que favorezcan la innovación, la inversión y la inserción en los mercados globales.

La soberanía tecnológica constituye uno de los pilares de esa estrategia. No significa aislamiento ni proteccionismo. Significa desarrollar la capacidad de proteger la infraestructura crítica, asegurar los datos, fortalecer la resiliencia digital y preservar la libertad de elección en un contexto donde la información y la conectividad son activos estratégicos.

La verdadera soberanía tecnológica consiste en integrarse al mundo desde una posición de confianza, seguridad y autonomía, manteniendo abiertas las puertas a la cooperación internacional. Pero para nosotros, desde nuestro lugar geográfico en el mundo, toda estrategia tecnológica debe responder a una pregunta esencial: ¿hacia dónde debe proyectarse hoy y en los próximos años, Mendoza?

La respuesta exige observar el nuevo mapa de la economía mundial.

Durante décadas, América Latina orientó gran parte de su comercio hacia el Atlántico. Sin embargo, el centro de gravedad del crecimiento económico mundial se desplaza de manera sostenida hacia la región del Indo-Pacífico, donde se concentran las economías más dinámicas, las principales cadenas globales de distribución, el liderazgo en innovación tecnológica y la mayor expansión de consumidores de ingresos medios y altos.

Para Mendoza, esta realidad representa mucho más que una oportunidad comercial. Constituye una ventaja geoeconómica derivada de su ubicación estratégica en el oeste argentino y de su conexión natural con los puertos del océano Pacífico. Debemos cada día, cada hora, posicionar y definir a nuestra Mendoza, como una plataforma privilegiada para proyectarse hacia Asia y Oceanía, regiones que concentrarán buena parte del crecimiento económico, del comercio y del consumo premium durante las próximas décadas.

Los vinos, los alimentos de calidad, el turismo, los servicios profesionales, la economía del conocimiento y las industrias creativas mendocinas encuentran allí mercados de enorme potencial. Pero para aprovechar esta oportunidad será necesario mucho más que incrementar las exportaciones. Será imprescindible integrar a nuestras empresas a las grandes redes internacionales de comercialización, de innovación, inversión, comercio electrónico y cooperación tecnológica.

La internacionalización de las PYMES mendocinas debe dejar de ser una política sectorial para convertirse en una verdadera política de Estado. Esto requiere fortalecer las alianzas público-privadas y articular el trabajo del gobierno, provincial y/o municipales con organismos internacionales y redes globales de cooperación.

La construcción de este nuevo modelo de desarrollo también requiere instrumentos innovadores que permitan transformar la visión estratégica en resultados concretos, por ello resulta fundamental complementarlo con dos instrumentos estratégicos que permitan acelerar la internacionalización de las empresas y fortalecer la atracción de inversiones.

La primera son los Fideicomisos Financieros de Producción y Comercialización (FFPC), concebidos como instrumentos para canalizar el ahorro y la inversión hacia la economía real. Estos fideicomisos permiten financiar proyectos productivos, infraestructura logística, innovación tecnológica, agregación de valor e iniciativas exportadoras, facilitando que las PYMES accedan a capital de largo plazo y compartan riesgos mediante mecanismos modernos de inversión colectiva.

La segunda herramienta es el Programa de Asociatividad Empresarial Internacional (AEI), concebido para que las pequeñas y medianas empresas alcancen una escala competitiva mediante la cooperación. La asociatividad permite compartir inteligencia comercial, plataformas tecnológicas, representación internacional, logística, capacitación, innovación y estrategias de comercialización, fortaleciendo la capacidad de inserción en las cadenas globales de valor y en el comercio electrónico internacional.

Ambos instrumentos son plenamente complementarios. Mientras los fideicomisos financieros de producción y comercialización aportan el capital necesario para impulsar proyectos estratégicos, la asociatividad empresarial internacional genera la masa crítica, la cooperación y la eficiencia necesarias para competir en mercados cada vez más exigentes y digitalizados.

A ello deben sumarse plataformas de identidad digital, inteligencia artificial, blockchain, ciberseguridad, certificación electrónica, redes internacionales de comercio y mecanismos modernos de facilitación comercial, como los Trade Point, capaces de acercar las PYMES a los mercados globales mediante servicios integrados de internacionalización.

Las nuevas infraestructuras del desarrollo ya no estarán compuestas únicamente por rutas, polos, puertos o parques industriales. También estarán integradas por redes globales digitales seguras, inteligencia artificial, computación cuántica, identidad digital, comercio electrónico, blockchain y plataformas internacionales de confianza. Quienes desarrollen estas capacidades serán los protagonistas de la nueva economía.

Mendoza cuenta con recursos humanos altamente calificados, una sólida cultura emprendedora, reconocimiento internacional de sus productos y una ubicación geográfica privilegiada para liderar este proceso. Lo que necesita es consolidar una visión estratégica compartida que trascienda los cambios de gobierno y convierta la internacionalización en una política permanente de desarrollo.

El desafío del siglo XXI no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías. Consiste en construir un ecosistema donde las PYMES puedan innovar, atraer inversiones, internacionalizarse y participar activamente en las grandes redes globales de producción, comercio y conocimiento.

El siglo XXI será recordado como el siglo de la inteligencia artificial, pero también como el siglo del Indo-Pacífico. Mendoza tiene la oportunidad histórica de convertirse en la puerta argentina y del Mercosur hacia esa región, aprovechando su posición geográfica, su capacidad productiva y su tradición exportadora.

Si Mendoza logra asumir este desafío con visión estratégica, no solo fortalecerá la competitividad de sus empresas, sino que podrá consolidarse como uno de los principales generadores de empleo, mayor valor agregado y un desarrollo sostenible para las próximas generaciones.

Dr. Jorge nelson Ripa

www.ripa.com.ar

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