Nota de 1995

En marzo de aquel año y en el suplemento de Economía del Diario Uno de Mendoza, escribí un artículo con motivo del lanzamiento de la propuesta de “Asociatividad Empresarial Internacional”  como parte del programa Trade Point Mendoza- UNCTAD y allí destacaba la importancia de la constitución de Fideicomisos Financieros.

Poniendo de relieve enfáticamente que la constitución de esos fideicomisos financieros debía contener en la producción, en la comercialización y en el empleo, su objetivo principal, y con ello apostar al crecimiento y desarrollo de la Argentina.

Evidentemente con el transcurrir de los años, vimos que se eligió por parte de la dirigencia política, un camino diferente.

Desde aquellos años a la actualidad se eligió el camino más fácil, esto es, constituir Fondos Fiduciarios por leyes, decretos o resoluciones con la plata del Estado, con recursos tributarios e impuestos, en lugar de hacerlo a través de programas de atracción de inversiones.

En el caso de los fondos fiduciarios, no hay realmente mucha información, más bien hay oscurantismo, solo algunos aislados estudios, pero para hacernos una idea tomemos uno del 2021, allí se estimaba que el 58% de los recursos de todos los fondos fiduciarios a esa fecha, fueron provistos por el Tesoro Nacional, el 18% provenía de recursos tributarios y el 17% de rentas a la propiedad de los argentinos. (fuente: OPC)

Hoy representan entre 1,8 y el 2.1 del PBI de Argentina, según diferente información consultada.

Esta mal, entiendo que si. Es ilegal, No. Solo decimos que había otro camino. Nosotros lo propusimos.

Y si se eligió aquel camino, hoy debería y así lo sugerimos días atrás, que además de ser muy bien investigados por irregularidades o posibles delitos, hacer hoy de todos uno solo, un solo fondo fiduciario de recuperación, y no hacer desaparecer o eliminar todos. Analizarlos y reorientar sus objetivos y recursos, para ir transformándolos a la brevedad, según corresponda.

En el orden Nacional, se puede hacer por una Ley los que provengan de leyes, y por un DNU los que nacieron por decretos o resoluciones.

Pero volviendo al punto de la presente nota, queremos hacer hincapié, que tal como venimos insistiendo desde hace casi 30 años, el camino y el desafío, aunque difícil y con obstáculos, era optar por la constitución de “fideicomisos financieros”, atado a un programa de “atracción de inversiones” y sumándonos a una “red global de asociatividad empresarial”, y así hacerlo mediante inversión genuina y no siempre con plata del estado o con impuestos.

Los fideicomisos financieros, así lo señalamos desde 1995, constituyen un instrumento válido y controlado por la CNV (Comisión Nacional de Valores) que le permite a los inversores participar de un proyecto o de un cobro futuro determinado a través de una colocación de deuda o una participación de capital.

De esta forma, comprando valores emitidos por el fideicomiso, representativos de deuda de un fideicomiso o de participación en ganancias, el inversor le presta dinero al fideicomiso con el fin de adelantar fondos a un proyecto o a un flujo futuro de pagos, a un emprendimiento del tipo que fuese. Durante el período de vigencia y hasta el vencimiento del título, el inversor va recibiendo la devolución del dinero aportado más una tasa de interés pactada.

Si el inversor asume, lo cual siempre fue nuestro objetivo con estas propuestas, su participación de las ganancias del proyecto, estaríamos apostando en serio al crecimiento y desarrollo de la Argentina, lo demás es toda narrativa política y cientos de excusas más, como que aquel, que el de los fondos fiduciarios era el mejor y único camino posible.

No era a nuestro criterio, el único, ni el mejor camino el elegido, solo el más fácil.

Podemos combinar miles de proyectos, (de interés privado o público, de obras o servicios, producción, empleo, etc., etc.) por medio de los fideicomisos financieros, pero con inversiones atraídos por una propuesta y no con fondos públicos e impuestos.

Traigo al presente lo escrito en 1995, porque nuestra generación, debe aportar esa experiencia tal cual lo venimos haciendo, por eso decimos había otro camino y estamos a tiempo de retomarlo.

En síntesis, la reflexión sobre los fondos fiduciarios es que hay que barajar y dar de nuevo y dar la oportunidad, en el momento y en los tiempos que vivimos, a otras propuestas y programas para el crecimiento y desarrollo de Argentina.

No puede atarse el futuro de los argentinos a fondos fiduciarios públicos.

Y aunque les moleste y repitamos hasta el hartazgo de la dirigencia, la clave está en los programas y propuestas de atracción de inversiones y en la conformación de redes globales de asociatividad empresarial.

Y ello, porque deben reconocer que la óptima trazabilidad de los recursos públicos, su seguimiento y visualización, es de una imposibilidad que nos supera al común de los ciudadanos y por eso, las alternativas son y deben ser posibles de estudio y aplicación.

Dr. Jorge Nelson Ripa

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