De qué cambio hablamos.

Durante estos años y épocas pasadas, todos nosotros, actores sociales de esos tiempos, vivimos de manera diferente nuestro acontecer y nuestras vidas.

Las que pasaron, fueron décadas perdidas, desperdiciadas o solo tal vez diferentes, distintas. Y las que vendrán, lamentablemente no terminamos de soñarlas para definirlas.

Sabemos, sentimos y percibimos a diario que es necesario, imprescindible un cambio. Hay mucho, tanto por cambiar, pero parece que no sabemos por dónde empezar. Muchos se resisten y seguramente porque en estos años a algunos les fue mejor. Pero si hacemos un balance, de tantas palabras y tantos hechos vividos, debemos concluir que no fueron tiempos buenos.

Desde los 90 para acá, nuestros dirigentes prometieron grandes cambios, planes por 30 años, que renovaban antes de cada elección. Empobrecieron una Argentina que debería ser varias veces rica, poderosa como pocas y con generaciones viviendo otros momentos y con grandes posibilidades. Ya estamos llegando al 2020 y seguimos igual o quizás varias veces peor.

Estamos “adormecidos” como sociedad y ello es porque ahora todo lo que sucede a la mayoría le da igual, se agotaron en sí mismo y no los conmueve ni la inseguridad, ni la inflación, ni la falta de empleo, ni los grandes endeudamientos futuros. A ese laburante de toda la vida, a ese que nada le fue fácil, pero que no formó parte de la dirigencia que se enriqueció, le cuesta cada mañana levantar los brazos y esos son mayoría.

Se puede cambiar esta realidad, si claro y no se necesitan tantas promesas, solo necesitamos una dirigencia política de definiciones claras, honesta, de liderazgo firme, de hechos, no de palabras. Necesitamos que los nuevos dirigentes dejen de pensar en sus bolsillos y piensen en el futuro. Necesitamos dirigentes éticos y con fuerte compromiso social.

Lo único que hoy escuchamos es de nuestro enorme agujero fiscal, que esa es la madre de todos nuestros problemas, que se debe reducir y achicar. No se habla más de inversiones reales y de nuestra falta total de ingresos genuinos.

Para salir de esta trampa y entramado de telaraña que nos tejieron, no hay otra opción que apuntar a una economía de crecimiento y desarrollo, para que nos ingresen las divisas que necesitamos. El camino no puede ser reducir, achicar, despedir y buscar más endeudamiento, solo para pagar intereses.

Debemos crecer, esto es crear riqueza y fundamentalmente recreando un potente mercado local y de la mano de las exportaciones.

No coincidimos en la mayoría de las nuevas propuestas, para relanzar las Pymes o producir un nuevo cambio a la Ley de Pymes, porque todo lo propuesto apunta a lo financiero, como tal, un nuevo régimen de financiamiento y mercado de capitales; o dar por supuesto que nuestras Pymes todavía funcionan más o menos bien y entonces quieren fomentar al empleo registrado, o visualizan fácilmente que pueden exportar así como así y/o ponen en práctica un programa de Exporta Simple y la Ventanilla Única del Comercio Exterior. Y todo esto, esta bien ayuda, pero no cambia estructuralmente nada.

Y no coincidimos, porque solo manifiestan un anhelo y dicen que la clave es integrarse al mundo. Pero del cómo se hace todo esto o a quienes alcanzan estas propuestas, que luego quedan en letra muerta nada dicen. Este no es el camino, ya se hizo muchas veces, esto es más de lo mismo y correrá la misma suerte, que anteriores intentos.

Este recorrido único elegido son cambios temporales, tal como creer desde hace muchos años que  la mejora en la competitividad, se consigue solo devaluando. No es así y lo hemos repetido, hay que cambiar esa visión totalmente, hay que implementar otros programas. La forma y los modos de comercializar cambian rápidamente en el mundo.

El mundo cambio, los mercados internacionales cambiaron, los bloques económicos y la globalización pierden peso, hay otra realidad y entonces aquello de integrarse al mundo no alcanza. Eso no es internacionalización empresarial.

El camino es instrumentar un urgente programa de shock; un programa que cambie el rumbo económico y tenemos a mano nuestro potencial, solo debemos  despertarlo con programas de avanzada, modernos y eficientes. Un programa de desarrollo local de Pymes e Internacionalización en serio, de las mismas en el corto plazo. Una apuesta a lo económico sobre lo financiero.

En muchas otras notas hemos señalado los programas que hay que desarrollar. Hablamos de programas, no de medidas a corto plazo, hablamos de asociatividad internacional, no de fomento, ni de financiamiento.

Tenemos un potencial adormecido, nuestras Pymes y allí está el crecimiento. Necesitamos que los jóvenes dirigentes de hoy, aprendan del pasado y que sobre los temas financieros, existe una economía real, del cual nuestro País era abanderado.

Ustedes, jóvenes dirigentes de hoy, son los actores sociales de su tiempo y de ese 2050 que vendrá. Van a necesitar, un Estado Moderno, eficiente y dinámico, no llenos de burócratas y amigo de los ajeno; van a necesitar un sector productivo y Pymes, que asuman los nuevos programas internacionales, procesos y técnicas, como variable imprescindible para su crecimiento.

Levanten banderas de cambio de rumbo económico, con fuerza, sin prejuicios y sin miedos. Propongan políticas de estado para los próximos, por lo menos 30 años y no bajen ninguna, porque si el nuestro, fue un tiempo de avanzada tecnología, ustedes vivirán el tiempo de la muerte de todos los viejos paradigmas, entre ellos el de un Estado ineficiente y la muerte de las empresas sin planificación en la gestión.

Jorge N Ripa

www.ripa.com.ar